Pequeños lugares, grandes historias

I

Los lugares que casi nadie fotografía

A veces, lo que termina contando un viaje estaba justo al lado de aquello que fuimos a ver.

· 5 min de lectura · Actualizado el

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Copa de vino tinto sostenida frente a una pared de piedra en un lugar íntimo

Una defensa de los rincones cotidianos, las escenas mínimas y las historias que comienzan justo fuera del encuadre.

En casi todas las ciudades existe una coreografía bastante predecible.

Llegamos.

Buscamos el monumento.

Sacamos el teléfono.

Esperamos, con una paciencia discutible, a que desaparezca alguien del encuadre.

Fotografiamos.

Seguimos.

Yo también lo hago.

Sería bastante hipócrita presentarme aquí como esa viajera misteriosa que jamás visita los lugares famosos y descubre únicamente tabernas secretas donde un señor de noventa años prepara una receta familiar transmitida desde 1742.

No.

Quiero ver la plaza.

Quiero ver la iglesia.

Quiero ver el paisaje que vi cientos de veces antes de llegar.

Pero hay algo que cada vez me ocurre con más frecuencia.

Lo que recuerdo después no suele ser solamente eso.

A veinte metros de "lo importante"

Puede ser una señora hablando desde un balcón.

Una pequeña tienda donde alguien sigue trabajando como lo hacía su padre.

Una mesa con cuatro hombres jugando cartas en mitad de la tarde.

Una puerta entreabierta.

Una conversación.

El olor de una cocina.

Una calle por la que aparentemente no pasa nada.

Y, sin embargo, pasa todo.

Porque mientras nosotros buscamos la historia monumental de un territorio, su historia cotidiana continúa ocurriendo alrededor.

Sin escenario.

Sin entrada.

Sin horario de visitas.

Quizá estamos mirando demasiado rápido

Viajar se ha convertido, en ocasiones, en una sucesión de pruebas.

Estuve aquí.

Comí esto.

Fotografié aquello.

Vi aquello otro.

Y cuando finalmente regresamos a casa descubrimos que tenemos mil fotografías y una sensación extraña de haber pasado por muchos lugares sin haber entrado realmente en ninguno.

Por eso intento hacer algo cada vez que viajo.

Detenerme.

No siempre lo consigo.

Pero lo intento.

Caminar sin un destino concreto durante un rato.

Mirar hacia arriba.

Entrar en un mercado.

Preguntar algo que podría buscar perfectamente en Google.

Sentarme donde se sienta la gente del lugar.

Porque las ciudades cambian cuando dejamos de tratarlas únicamente como escenarios.

Empiezan a convertirse en territorios habitados.

Las historias pequeñas explican las grandes

Una receta familiar puede hablar de migraciones.

Una fachada puede hablar de una guerra.

Un cultivo puede explicar una economía.

Una mujer detrás de un pequeño negocio puede contar mucho más sobre la transformación de un territorio que cualquier folleto turístico.

Y entonces aquello que parecía minúsculo empieza a conectarse.

La comida con la memoria.

El paisaje con el trabajo.

La arquitectura con la historia.

Las personas con el territorio.

Eso es probablemente lo que más me fascina de viajar.

Descubrir que nada está realmente aislado.

Por eso me gustan los lugares que casi nadie fotografía

No porque tengan que permanecer secretos.

Ni porque crea que lo desconocido sea automáticamente mejor que lo famoso.

Me gustan porque exigen otra manera de mirar.

Una mirada menos apresurada.

Más curiosa.

Más humana.

La clase de mirada que no pregunta solamente:

"¿Qué tengo que ver aquí?"

Sino:

"¿Qué historia me está contando este lugar?"

Y cuando viajamos así ocurre algo curioso.

Dejamos de coleccionar destinos.

Empezamos a construir recuerdos.

Quizá esa sea también la razón por la que nació mi deseo de buscar territorios con alma.

Porque detrás de cada paisaje extraordinario siempre termino buscando lo mismo: las personas, las historias y esas pequeñas cosas que explican por qué un lugar es como es.

Así que la próxima vez que llegues frente a aquello que todo el mundo fotografía, haz la foto.

Por supuesto.

Pero después guarda el teléfono.

Camina veinte metros más.

Mira alrededor.

Puede que tu verdadera historia del viaje esté ocurriendo justo fuera del encuadre.

Yfigenia Moreno Aponte

Yfigenia Moreno Aponte escribe desde el camino y estudia Periodismo de Viajes y Gerencia Turística. Es creadora de Mis Historias de Viaje y fundadora de YFI Moreno Viajes de Autor.

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