Manifiesto

Manifiesto de Mis Historias de Viaje

Yfigenia Moreno Aponte

Yfigenia Moreno Aponte sonriendo, sentada junto a un muelle de noche, con cabañas flotantes iluminadas y mástiles de veleros al fondo

Hay historias que comienzan mucho antes de hacer una maleta. Y otras que siguen acompañándonos mucho después de haber regresado.

Siempre he creído que viajar es una de las formas más fascinantes de encontrarnos con la vida.

Pero con el tiempo descubrí que los recuerdos que más me conmovían no siempre estaban relacionados con los monumentos que había visitado, los paisajes que había fotografiado o las ciudades que podía señalar en un mapa.

Eran las personas.

Las historias que me contaban. Las conversaciones que surgían sin haberlas buscado. Las vidas que, por alguna razón, se cruzaban con la mía.

Y, especialmente, las historias de amor.

Esas fueron las que primero despertaron mi curiosidad por contar lo que descubría mientras recorría el mundo.

Amores que sobrevivían a la distancia. Parejas que habían construido una vida lejos de su país. Encuentros inesperados. Despedidas que parecían definitivas y reencuentros que nadie había imaginado.

También las pequeñas historias románticas que, de vez en cuando, terminaron siendo mías.

Porque no siempre fui solamente la mujer que observaba el mundo.

A veces fui la que se enamoró.

La que se ilusionó con una conversación.

La que aceptó una cita inesperada.

La que sintió mariposas a miles de kilómetros de casa.

La que descubrió que algunas personas pueden convertirse en una parte importante de nuestra memoria sin llegar a formar parte de nuestra vida cotidiana.

Y sí, también la que aprendió que una historia puede ser hermosa aunque no tenga el final que habíamos imaginado.

Con los años comprendí que el amor es mucho más amplio que el romance.

Está en la joven que comienza sus estudios universitarios con una maleta llena de expectativas.

En quien abandona su país y descubre que emigrar significa despedirse muchas veces, incluso cuando ya ha encontrado otro hogar.

En la persona que un día deja de ser migrante para convertirse en ciudadana de una tierra que ha aprendido a querer sin dejar de amar sus raíces.

En quien se pierde en una estación de tren y, entre la incertidumbre y la aventura, descubre algo de sí misma.

Está en las familias que intentan permanecer unidas a pesar de las fronteras.

En quienes reconstruyen sus vidas después de una guerra.

En las personas que han sufrido pérdidas, pero todavía encuentran motivos para comenzar de nuevo.

En una receta que nos devuelve a la infancia.

En la voz de alguien que ya no está.

En una ciudad a la que regresamos porque una parte de nuestra historia permanece allí.

Porque el amor no siempre llega para quedarse. A veces aparece para enseñarnos qué significa pertenecer, despedirnos, recordar o volver a empezar.

Así nació Mis Historias de Viaje.

No como una colección de lugares visitados.

Ni como una guía de destinos imprescindibles.

Sino como un espacio para contar las historias humanas que encuentro mientras recorro el mundo.

Las que escucho.

Las que observo.

Las que investigo.

Y aquellas que, sin haberlo planeado, termino viviendo.

Aquí hay lugar para el amor y el desamor, para las amistades inesperadas, las migraciones, las pérdidas, los encuentros que nos hacen reír y las despedidas que tardamos un poco más en comprender.

Habrá historias que nos conmuevan.

Otras que nos hagan cuestionarnos algo.

Y algunas que quizá nos devuelvan a un recuerdo que creíamos olvidado.

No pretendo que todas tengan finales felices.

La vida rara vez sigue un itinerario perfecto.

Pero sí quiero que cada historia conserve algo de aquello que nos hace humanos: la capacidad de sentir, de descubrir, de equivocarnos, de resistir y de seguir amando.

Porque creo que las personas son mucho más interesantes que cualquier lista de lugares imprescindibles.

Y porque, detrás de cada viaje, siempre hay alguien llevando consigo una historia que merece ser escuchada.

Mis Historias de Viaje es mi manera de reunir esas vidas, esos encuentros y esos recuerdos.

Es también el lugar donde puedo regresar a las distintas mujeres que he sido: la estudiante, la migrante, la viajera, la que se perdió, la que se encontró, la que se enamoró y la que todavía tiene mucho por descubrir.

No escribo para demostrar cuántos destinos conozco.

Escribo porque hay historias que merecen sobrevivir al viaje.

Y porque a veces, cuando contamos la vida de otros, terminamos comprendiendo un poquito mejor la nuestra.

Soy Yfigenia Moreno Aponte.

Y estas son Mis Historias de Viaje.

El viaje es el escenario. La vida es la historia. Y el amor, en todas sus formas, es el hilo que las une.

Ahora que conoces por qué escribo, te invito a descubrir las historias.

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